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Arévalo reconoce el rol del pueblo en defensa de la democracia, pero crece el descontento contra los diputados

Arévalo reconoce el rol del pueblo en defensa de la democracia, pero crece el descontento contra los diputados

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el presidente destaca que no fueron las élites quienes defendieron el sistema democrático, sino la ciudadanía organizada

El presidente Bernardo Arévalo lanzó un mensaje contundente sobre el estado actual de la democracia en Guatemala. En su pronunciamiento más reciente, aseguró que la resistencia democrática del país no se debe a las élites, sino al papel que ha jugado el pueblo, especialmente los pueblos originarios y la sociedad civil organizada, en los momentos más críticos.

“No fueron las élites las que llamaron al pueblo a defender la democracia… fue el pueblo mismo quien salió a las plazas”, afirmó.

Arévalo recordó que desde el regreso a la democracia en 1986, Guatemala ha vivido avances y retrocesos, pero que el impulso para sostener el sistema ha venido desde abajo, desde quienes han exigido respeto a los derechos, al voto y a las instituciones.

También reflexionó sobre el desarrollo del país y su relación con el sistema democrático:

“La democracia no soluciona los problemas, pero es la mejor forma de encontrar soluciones reales”, dijo.

crece la crítica ciudadana contra los diputados

Aunque el mandatario reconoció los logros populares en la defensa del orden democrático, en las calles y redes sociales el sentimiento ciudadano sigue siendo de frustración, especialmente contra el Congreso de la República.

Múltiples voces aseguran que los diputados continúan operando con total impunidad, aprobando leyes cuestionadas, bloqueando reformas y manteniendo privilegios a espaldas del pueblo.

“¿De qué sirve la democracia si los mismos de siempre siguen robando desde el Congreso?”, expresan ciudadanos en redes.

Para muchos guatemaltecos, la corrupción legislativa es uno de los principales obstáculos del país, y aunque el Ejecutivo promueva un discurso de cambio, la presión sobre el Legislativo parece insuficiente.

El contraste entre un gobierno que habla de transformación y un Congreso visto como intocable está alimentando un nuevo ciclo de desconfianza institucional.

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