
Ocho años de la tragedia del volcán de Fuego: los rostros que acompañaron el dolor
El 3 de junio de 2018 parecía un día tranquilo para la mayoría de los guatemaltecos. Muchas familias descansaban, compartían con amigos o disfrutaban las últimas horas del fin de semana. Sin embargo, después del mediodía, el ambiente cambió por completo. La lluvia de arena volcánica fue la primera señal.
Comenzó a caer sobre comunidades de Escuintla, Sacatepéquez y Guatemala. Al inicio, parecía una erupción más del volcán de Fuego. Pero, conforme avanzaron las horas, las imágenes en redes sociales mostraron la gran magnitud del desastre.
Familias completas quedaron atrapadas en medio de los flujos piroclásticos. La comunidad desapareció bajo ceniza, tierra y rocas calientes. El desastre dejó 202 personas fallecidas y 229 desaparecidas aproximadamente, según datos de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred).
¿Qué pasó el 3 de junio de 2018?
En medio del dolor y la incertidumbre surgieron historias de solidaridad. Decenas de voluntarios, socorristas y trabajadores llegaron para apoyar a los afectados. Entre ellos estuvieron Selvin Suruy y David de León, dos guatemaltecos que vivieron la catástrofe desde diferentes espacios, pero con el mismo objetivo: ayudar.
Selvin Suruy: tres meses como voluntario en los albergues
Selvin recuerda que decidió participar como voluntario cuando escuchó que organizaciones buscaban colaboradores para los albergues. La magnitud de la tragedia lo motivó a sumarse.
Su primer destino fue un refugio instalado en un centro educativo de Escuintla. Después colaboró en un gimnasio donde permanecían varios sobrevivientes y evacuados. Para coordinar la ayuda recibieron instrucciones de los encargados del centro. Comenzaron a convivir con adultos, niñas y niños.
Selvin y otros voluntarios conversaban con los afectados. Escuchaban sus historias y jugaban con los niños para distraerlos por algunos momentos. El tema del desastre aparecía solo si deseaban hablar sobre lo ocurrido.
Permaneció tres meses como voluntario. El viaje constante entre la capital y Escuintla fue una de las partes más difíciles para él. Aun así, continuó porque sentía que los afectados necesitaban acompañamiento.
> «Muchos de los damnificados vivían con incertidumbre del futuro; al mismo tiempo mostraban ganas de salir adelante», recuerda Selvin sobre lo que observó durante su labor.
Participaban en actividades dentro de los albergues y trataban de recuperar parte de la rutina que habían perdido. Años después, Selvin todavía piensa en los afectados. Se pregunta cuántas lograron reconstruir su vida y cuánto dolor permanece en las comunidades cercanas al volcán.
David de León: la voz de la Conred en medio del caos
Mientras los voluntarios apoyaban en los albergues, David de León enfrentaba otra parte de la emergencia desde la Conred. En ese momento trabajaba como vocero de la institución y coordinaba información sobre la catástrofe.
David permanecía en las oficinas centrales, en la zona 13 capitalina, mientras recibía reportes, fotografías y videos desde distintos puntos cercanos al volcán. Los equipos trabajaban desde áreas de Escuintla y Alotenango para informar lo que ocurría en tiempo real.
La situación se complicó cuando los flujos piroclásticos bloquearon la Ruta Nacional 14. Varias zonas quedaron incomunicadas y el acceso se volvió más peligroso. A pesar de eso, los equipos continuaron con la cobertura y las labores de coordinación.
Recuerda que uno de los retos fue mantener la calma mientras observaba imágenes tan fuertes. Su trabajo consistía en informar a la población, atender a los medios de comunicación y compartir recomendaciones para evitar más víctimas.
El precio de la emergencia
La carga emocional aumentó cuando recibió la noticia de que un compañero de trabajo había fallecido durante la emergencia. La tragedia también golpeó al personal que participaba en las labores de atención.
A pesar del cansancio y la presión, David tenía claro que las primeras horas eran clave para salvar vidas. Por eso, la prioridad consistía en coordinar información, trasladar personas hacia albergues y evitar más riesgos para las comunidades cercanas.
Con el paso de los días visitó la zona cero y varios albergues. Ahí observó escenas que todavía mantiene presentes.
¿Cómo se recuerda la tragedia ocho años después?
El volcán de Fuego sigue activo y las comunidades aledañas viven con la alerta permanente. A ocho años de la erupción más devastadora de su historia reciente, Guatemala recuerda a las víctimas y honra la labor de quienes arriesgaron todo por ayudar.
La tragedia dejó una lección clara: la preparación ante desastres naturales y la coordinación entre instituciones son fundamentales para salvar vidas. Organizaciones como la Conred continúan trabajando en la prevención y respuesta, mientras familias sobrevivientes buscan reconstruir lo que el volcán se llevó.
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