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Abuelo relata lo que paso en el naufragio de Izabal donde perdió a su esposa y nieto

Abuelo relata lo que paso en el naufragio de Izabal donde perdió a su esposa y nieto

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Una noche que se volvió pesadilla en las aguas del Caribe guatemalteco

La tranquilidad de una familia que regresaba de un paseo en Semana Santa se transformó en tragedia al filo de la medianoche. Un naufragio en Livingston, Izabal, acabó con la vida de Eliana Yac, de 56 años, y su nieto Jhosman Josibel Paz García, de apenas dos años y siete meses. El accidente dejó una marca imborrable en los sobrevivientes y una serie de preguntas sin respuesta sobre las condiciones de navegación y la aparente negligencia del piloto de la lancha.

Tragedia en Izabal El dolor de un abuelo que perdió a su esposa y nieto en el naufragio de Livingston

Todo comenzó como un viaje de retorno desde Playa Blanca hacia Río Dulce, en Izabal. Era la noche del Jueves Santo, y pese a que el clima se mostraba inestable y el mar agitado, la familia confió en el criterio del piloto que operaba la lancha.

Según relató Marco Tulio Paz, abuelo del pequeño fallecido, la familia tuvo dudas antes de subir a la embarcación. “La marea estaba muy pesada”, comentó en entrevista a una radio local. Sin embargo, el piloto los tranquilizó con palabras que hoy resuenan con amargura: “No tengan pena, yo los regreso, sé cómo es la cosa aquí”.

Ese voto de confianza fue el inicio de un episodio que tendría un desenlace trágico.

A mitad del trayecto, el motor de la lancha se detuvo. El piloto intentó repararlo mientras la embarcación quedaba a merced del oleaje. “Mi esposa, con miedo, le pidió que mejor llamara a alguien que nos ayudara. Estuvimos ahí como media hora”, relató Paz. Durante ese tiempo, las olas golpeaban con fuerza la lancha, haciendo que el agua comenzara a ingresar al interior.

A pesar de que el piloto aseguró que tenía una bomba instalada para evacuar el agua, los sobrevivientes aseguran que nunca funcionó. “Nos mintió desde el principio”, dijo el abuelo, con voz entrecortada por el dolor. “Él decía que todo estaba bajo control, pero la situación solo empeoraba”.

El agua seguía entrando, y la familia intentaba sacarla con lo que tenía a mano, pero fue inútil. Finalmente, una ola más fuerte volcó la lancha, y la tragedia se consumó.

El rescate y las pérdidas irreparables, dos vidas se apagaron en cuestión de minutos

La emergencia fue atendida por el Comando Naval del Caribe, que logró rescatar con vida a nueve personas. Sin embargo, también se encargaron de recuperar los cuerpos sin vida de Eliana Yac y el pequeño Jhosman Josibel, entre las zonas de Siete Altares y Quehueche.

El piloto de la lancha, según los sobrevivientes, logró escapar del lugar, lo que ha generado indignación y demanda de justicia. Las autoridades continúan con la investigación del caso, pero hasta el momento, no se han reportado capturas.

“Los chalecos salvavidas no eran seguros. El mío se zafó”, añadió Marco Tulio, quien apenas pudo salvar su vida y la de otros familiares. El dolor, sin embargo, sigue intacto, y la sensación de que la tragedia pudo haberse evitado es cada vez más fuerte.

Los testimonios de los familiares que sobrevivieron no dejan lugar a dudas: hubo negligencia y falta de responsabilidad por parte del operador de la lancha. La decisión de navegar en condiciones adversas y la falta de medidas preventivas adecuadas terminaron por sellar un destino trágico.

Uno confía en que quienes conducen estas embarcaciones saben lo que hacen. No pensamos que una noche de regreso se convirtiera en una pesadilla”, explicó otro miembro de la familia. La ausencia de regulación efectiva en las actividades turísticas acuáticas vuelve a estar en el centro del debate.

Este accidente ha encendido las alarmas sobre la falta de controles y protocolos en el transporte acuático turístico en Guatemala. Las autoridades locales, aunque han prometido investigar, han sido señaladas por no implementar regulaciones estrictas que prevengan estos hechos.

En sectores como Livingston y Río Dulce, donde la actividad turística es constante, la supervisión de embarcaciones, el estado mecánico de los motores, la calidad de los salvavidas y la preparación de los pilotos son factores que requieren atención inmediata.

Las familias que perdieron a sus seres queridos exigen respuestas. Piden no solo justicia para los responsables directos, sino también acciones concretas que eviten que más personas mueran innecesariamente en las aguas del país.

Lo ocurrido en Livingston no puede quedar como una simple anécdota trágica en Semana Santa. Las muertes de Eliana Yac y Jhosman Josibel Paz deben servir como punto de partida para revisar a fondo el sistema de transporte acuático y garantizar condiciones seguras para todos los pasajeros.

El dolor de los sobrevivientes, especialmente el de un abuelo que vio morir a su esposa y nieto, no puede pasar desapercibido. Sus palabras, su testimonio y su indignación deben convertirse en el motor de una transformación real.

Mientras tanto, las familias siguen de luto y el mar, testigo silente de la tragedia, guarda los ecos de una noche que nunca debió terminar así.

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